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Descripción

Título: Los Tarahumaras

Autor: Antonio Artaud

Los Tarahumaras es una obra esencial de Antonin Artaud en la que el autor francés, conocido por su enfoque radical y experimental, se adentra en el estudio del pueblo indígena tarahumara de México. Publicado originalmente en 1936, este texto es tanto un ensayo antropológico como una reflexión filosófica sobre el mundo y las prácticas de este pueblo, conocido por su capacidad para correr largas distancias y sus rituales espirituales vinculados al uso de peyote y otras plantas psicotrópicas.

En su texto, Artaud no solo describe las costumbres de los tarahumaras, sino que busca comprender la relación profunda que tienen con la naturaleza, el sufrimiento y la transcendencia. Artaud se ve cautivado por sus ceremonias rituales, que contrastan con las concepciones occidentales de la religiosidad y el conocimiento. La obra es un viaje a la dimensión espiritual y física de este pueblo, una mirada que se aleja del exotismo superficial para profundizar en el misterio y la sabiduría ancestral.

A lo largo de Los Tarahumaras, Artaud realiza una reflexión sobre la disociación entre la civilización moderna y las culturas indígenas, proponiendo una visión más holística y profunda de la vida y la espiritualidad, que se aleja de la racionalidad y busca la conexión con lo cósmico. El texto es una crítica a la sociedad occidental y una reivindicación de los modos de vida y pensamiento que persisten en los pueblos originarios, que mantienen una relación más directa con los elementos naturales y espirituales.

Con una prosa cargada de intensidad y emoción, Los Tarahumaras es una obra en la que Artaud logra fusionar el ensayo con la poesía, el estudio etnológico con la reflexión filosófica, invitando al lector a cuestionar las convenciones de la cultura occidental y a explorar otros modos de percepción y sabiduría.

Contratapa:

Si en 1936, afrontando increíbles dificultades y padecimientos, un poeta al que Europa le disgustaba no hubiese ido al encuentro de los tarahumaras, ese nombre no nos resultaría tan familiar ni se habría convertido en un vocablo evocador de paisajes fabulosos: montañas pobladas de “efigies naturales” y grabadas con signos mágicos, cielos cuyos azules habrían inspirado a los pintores prerrenacentistas, cortejos de Reyes magos que aparecen al caer el día. Y para muchos de nosotros, los tarahumaras no serían ese pueblo orgulloso e intacto, obsesionado por la filosofía, que supo mantener, en danzas acompañadas por espejos, cruces, campanas o ralladores, los grandes ritos solares: rito del peyote, rito de los reyes de la Atlántida ya descripto por Platón de manera extrañísima, oscuro rito del Tutuguri con su tympanum lancinante.